¿Regresar a clases después de los 25?

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Cada año el regreso a clases crea psicosis familiar en los pasillos de las papelerías y en el muro de Facebook también se padece con los padres que como pavoreales documentan el peinado de “Benito Juárez” que por única ocasión llevan sus vástagos sonrientes y sollozantes a clases, pero una vez que terminas la licenciatura es un tanto presuroso pensar en regresar a las aulas a menos que tu plan sea retomar una maestría con el título calientito.

¡A clases!

Pero yo ni vástagos ni maestría, regresé a las aulas para concluir el idioma que desde hace varios calendarios había pospuesto por sobresaturación laboral. Siempre me ha interesado la cosa de ser políglota pero con mi rudimentario inglés nunca-never-jamás sería viable, es entonces que me inscribí a un curso intensivo a las 7am. ¡Sí, a las 7am! Porque oficina-natación-ama de casa-proyectos, sólo hay tiempo si recorro mis actividades restando minutos a mi amorío con Morfeo.

Mi cabello se escurre al aire mientras voy presurosa a tomar el tren para llegar, según mi reloj interno, a tiempo a mi primera clase después de los 25 años. La luna aún perezosa como mis reflejos comienza a dar paso al sol que anuncia con sus finos rayos color canela, ya son las 7 am y aún me queda la mitad de la escuela por recorrer para conocer a los nuevos rostros que pronunciarán el Verbo TO BE durante las siguientes dos horas.

Primer día de clases y un retardo por llegar a las 7:05am. Me auxilio de la primera banca de la fila y me siento a lado de la puerta, ahí donde el frío me recuerda que la peor decisión fue haber huido de mi cama, pero recupero la cordura y hago un rápido escaneo a mis nuevos compañeros para regresarles el gesto de cuando llegué al aula. Las nuevas caras no sumaban más de 20 años en sus gestos y risas de soslayo, algunas de las chicas hacían presunción de un maquillaje guiado por tutoriales de you tube como si tampoco hayan dormido toda la noche para lograrlo, melenas hasta la curvatura baja de sus espaldas, uñas con diseño, leggins y crop tops… ¡Teenagers en clase!

El pizarrón se desplegó desde el tubo frontal más alto y desde una PC, el profesor comenzó a dirigirnos para tocar la pantalla y contestar las actividades de manera virtual. En mis tiempos había pizarras marcadas por polvo de gis y en la universidad, conocimos el olor a plumón durante 4 años; donde los profesores mostraban sus dotes en el dibujo que podían explicar la canción del pollito-chicken. Sin titubear, el jefe de la clase hizo presunción de su letra tras dejar de lado la tecnología y utilizar plumones no tóxicos en un pintarrón alterno para describirnos la tarea, sí ¡tarea! y nadie tomó un lápiz para escribirla en su libreta de notas. Fui la única que a quemarropa escribía la lección y las labores para casa mientras los escolantes tomaban fotografías para recordarla.

Cada minuto el profesor cargaba en cada línea un acento envuelto de ‘spanglish’ pero para finalizar la clase, nos habló sobre frases musicales y a mi mente llegó Oasis, Marron 5 o The Killers pero el estrógeno adolescente como si coro fuera, dijo: ¡Ay, Maluma! … ¡¿Quién?! Pensé. Una sonrisa morbosa adornada de brakets movía los mechones de su ondulado cabello, afirmando: ¡Sí, Maluma vamos a traducirlo!

Pero yo sigo aquí igual, anticuada, escribiendo después de mi tarea y sin saber los éxitos del momento.