El Minimalismo como estilo de vida

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Siempre que inicia un año nuevo, nos sofocamos a causa de una lista interminable de propósitos. Con la mejor de las intenciones elaboramos esa lista que, de antemano, sabemos que no vamos a cumplir. Pero la escribimos con fe y ahínco, confiados en que lograremos alcanzar todas y cada una de nuestras metas.

Llega el mes de febrero para darnos cuenta que no hemos cumplido ni uno solo de los propósitos que con tanta determinación prometimos lograr. O tal vez hayamos cumplido uno de los 20, puede ser que sí. Al menos en mi lista había dos propósitos que, hasta el momento, sí he realizado: leer más y volverme minimalista.

En estos primeros 10 días de enero ya terminé de leer un libro y comencé otro (mi meta es un libro por mes, mínimo), así que no voy nada mal con mi lista.

El segundo propósito vino a causa de leer ese mismo libro, entenderlo y empaparme de la cultura del Minimalismo. No podría estar más agradecida pues me siento mucho mejor desde que comencé con este estilo de vida, el cual dicho sea de paso, no es nada sencillo pero sí sumamente liberador.

En la moda como en la vida, menos es más.- Coco Chanel

Después de saber que convertirme en una persona minimalista traería demasiados beneficios a mi vida, no tardé ni dos minutos para comenzar a deshacerme de mis cosas materiales. Cuando comprendí que estas son solo una carga para nosotros y la mayoría solo nos sirven para aparentar, obstaculizándonos a cada momento, no quise verlas más.

Evidentemente no voy a tirar mi camioneta a la basura, pero saben a lo que me refiero: existen miles de objetos en casa que no nos sirven para nada y solo ocupan un espacio en nuestras vidas que no nos permiten ser libres. Vivimos atados a cosas, a recuerdos del pasado que no nos dejan fluir. Son energía estancada.

Tampoco se trata de desechar los objetos que todavía le pueden servir a alguien más. En mi caso, los doné a un albergue que se encarga de cuidar y educar a niños en situación de calle así que fue un ganar-ganar, ya que yo liberé mi casa de ‘tiliches’ que no necesitaba mientras los niños disfrutarán de algún beneficio que esas cosas en muy buen estado podrán proporcionarles.

La magia que trae consigo poner orden en tu casa repercute directamente en tu vida diaria. Ya no pierdes el tiempo en limpiar, ni te angustias o enojas o frustras al ver ese tiradero de cosas inservibles pero con significado que te atan al pasado. Sí, los recuerdos son bonitos y hasta cierto punto nos definen, pero no debemos permitir que estos, convertidos en objetos, nos limiten.

La libertad es la responsabilidad más grande de todo ser humano.

Entonces se trata de hacerte responsable por lo que consumes, de lo que ya tienes y de lo que vas a prescindir. El chiste es conservar solo lo que es necesario para vivir tu día a día, eso que es indispensable para ti y no ocupa una gran cantidad de espacio, como tu cepillo de dientes por ejemplo.

Imagina que mañana te invitan a viajar por el mundo, en una de esas travesías que siempre quisiste, a tu lugar soñado. ¿Llevarás contigo (y cargando) tu casa, tu licuadora, el escurridor para los trastes? Obvio no. En tu maleta solo cabe lo esencial. Y de compañía solo deseas a tus seres queridos cerca, nada material te detiene para disfrutar ¿cierto? Bueno, pues lo mismo pasa en la cotidianidad.

Atados a revistas, muñecos, zapatos viejos, decoración, regalos y demás cosas que jamás utilizaremos que están ahí, inmóviles convirtiéndose en basura, jamás podremos ser libres para avanzar ni abrir los brazos para recibir nuevas cosas, personas o experiencias.

Por lo que el primer paso es tirar algo que signifique mucho para ti. Es lo más difícil de hacer, lo que más cuesta trabajo y más remordimiento da, pero al hacerlo TE LIBERAS. Y si no se puede tirar, dónalo.

En lo personal ese objeto era una muñequita nueva que mi Abuelita me había dado; fue uno de sus últimos regalos y, antes de que me etiqueten como culera, no la tiré, la doné. En vez de estar guardada llenándose de humedad o polvo, ¿por qué no hacer feliz a una nena? A la muñeca le tomé una foto a manera de recuerdo, agradecí el regalo y la dejé ir, por mi bien.

Sé que a mi Abue le haría más feliz verme en Japón cargando solo una mochila llenando mi mente de nuevos recuerdos, que atada a esa muñequita la cual podría llegar a desesperarme por no saber dónde guardarla, estorbando en todo el trayecto.

Así funciona el Minimalismo, le da importancia a lo que realmente lo vale: no son los objetos, son las personas y las experiencias lo que se atesora. Las cosas están para nuestro servicio (ojo: dije cosas, no animales ni naturaleza incluidos), cuando ya no nos sirvan lo justo e inteligente es despedirse agradeciendo su función, dando paso a lo nuevo o diferente.

¡Que nada (ni nadie) les estorbe para ser libres y felices este 2018, queridos 2Fashionistas! ✨

Hasta la próxima.

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