En defensa de mi generación

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Formo parte de la “famosa” generación denominada como Millennial. Nací en la década de los 80 y, aunque en mi niñez comenzaba el boom por los videojuegos, todavía podíamos salir a la calle a jugar sin temor de que nos fueran a raptar o matar (lo máximo con lo que podían asustarnos nuestras madres era con que si nos portábamos mal o nos alejábamos de casa nos iba a robar el señor del costal).

No estábamos pegados a una pantalla pues, para que me entiendan. No estoy en contra de los videojuegos, al contrario, me gustan (y más me vale porque mi esposo es programador de los mismos), lo único que quiero resaltar es que nuestra niñez -parece ser que- fue más sana, creativa y divertida que la de las presentes generaciones.

Sin embargo, con todo esto de las nuevas tecnologías y los cambios radicales que se han sucitado gracias a estas, los miembros de mi generación, los que disfrutábamos de jugar en el parque, rasparnos las rodillas e inventar mundos de papel sin la necesidad de buscar modelos de diseño en Internet, le estamos batallando de más.

Y es que somos el parteaguas entre la generación X y la generación Z, mutantes, robots, embriones genéticamente modificados y todo lo que venga después del 2020. Nosotros somos el sándwich entre lo tradicional y lo moderno; entre lo que se extraña y lo que se innova; entre lo que ya no va a volver y lo que se ponga de moda y vuelva a surgir, como la onda esta hipster-vintage con sus teléfonos alámbricos de marcación en disco.

Modas como el veganismo (lo siento, sí es una moda), provocan que comer lo que sea ya te haga daño. Por eso también somos la generación con más alergias del planeta, y esas alergias se las estamos heredando a nuestros pobres niños. Con tanto bombardeo de información, ¡¿qué comemos entonces?!

Los millennials no la tenemos fácil y no nada más a la hora de armar nuestro carísimo “menú saludable”. Mi generación la tiene difícil hasta para encontrar un trabajo digno que pueda brindarnos calidad de vida. O ya ni eso, con que nos brinde vida nos tenemos que conformar.

La mayoría de empresarios y empleadores en México se quejan de nosotros, pero cuando analizas las ofertas de trabajo que estos publican, los ofendidos deberíamos de ser los millennials. Los sueldos son una burla, las jornadas laborales son de más de 10 horas diarias, no te otorgan prestaciones, no generas antigüedad porque los contratos los firmas por mes y así te traen al menos por dos años.

Ya en el mejor de los casos te ofrecen que seas su freelance para no meterse ellos en problemas con hacienda. ¡Como si nos hicieran un favor! No entienden que la fuerza principal de su empresa, negocio o equipo, son sus empleados.

Se quejan de nosotros, pero las condiciones laborales en la actualidad son una porquería. Y ni hablar del ambiente tóxico que existe en la gran mayoría de las organizaciones propiciado por los mismos dueños, líderes o administradores de las mismas. Fatal.

Y con todo esto quieren que a los 30 ya estemos casados, con dos hijos, tres perros, un gato y pagando una casa propia, además de un ahorro bancario y un viaje por año a las Islas Caimán. Ya como a los 35 pensar en otro hijo y en comprar un depa en la playa, ¡ganando 9 mil pesos al mes y sin Seguro Social!

Mi generación no la tiene fácil, tampoco aseguro que para las generaciones pasadas todo fuera y sea sencillo, pero si el mundo se está yendo al carajo tienen mucho de culpa. Estamos viviendo las consecuencias de las decisiones de nuestros padres y abuelos.

Sí, a mi edad mi Abu ya tenía 5 hijos; mi mamá ya me había tenido a mí y yo, yo tengo dos perros. Porque independientemente del deseo de ser madre o no, de querer adoptar un niño o no, tener un bebé en estos tiempos es un acto que requiere de muchísima valentía y de un muy, muy buen ahorro.

Trabajos estables hay muy pocos, y nadie tiene la seguridad de perdurar en su puesto por mucho tiempo. Empresas reconocidas como Intel, HP, IBM, han tenido recortes de personal bastante significativos en los últimos años.

Ni hablar de empresas creativas, de este lado nos va peor, si nos pagan lo prometido ya es ganancia porque con el pretexto de que los millennials somos “flojos y vagos” ya ni contrato nos ofrecen y “no se quieren arriesgar a meter a nómina a alguien que no quiere generar antigüedad”. No pues seguramente no queremos pensionarnos cuando seamos viejos. Créanme, sucede.

Ahora, tener maestría resulta que ¡es una limitante! Porque “estamos mejor preparados y vamos a exigir de más”. Como si contar con un seguro de gastos médicos mayores fuera ‘exigir de más’; como si quemarte las pestañas estudiando sea motivo de desprestigio. Tal parece que entre menos estudies, mejor te va. ¡Qué bruta! Debí ser político entonces.

Escribo este post porque era necesario, urgente defender a mi generación. Esta generación llena de emprendedores, de creadores, de soñadores, de artistas, de maestros, de ingenieros, de científicos, de analistas. Una generación atrapada entre las costumbres del pasado, la tecnología del presente y la incertidumbre del futuro.

Ahora no es el señor del costal lo que nos aterra, ¡sino las cuentas por liquidar! O en el peor de los casos, que te roben tu quincena o te secuestren saliendo del banco, ¿y luego cómo pagamos la renta? Porque ahora resulta que si ahorras te cobran impuestos, ¡por ahorrar! 🤦🏼‍♀️

Personas irresponsables existen en cualquier época y, lamentablemente, seguirán existiendo; pero encasillar a toda una generación y creer que todos somos unos petulantes, holgazanes, chiqueados y caprichudos que no “queremos trabajar”, es una enorme equivocación. Sí queremos trabajar, lo único que exigimos es calidad laboral. ¿Será mucho pedir? Parece que sí.

La próxima vez que te entren ganas de criticar un millennial porque creas que “no tiene ordenada su vida”, piénsalo dos veces. Puede que ese millennial esté luchando tres veces más duro que tú para conseguir algo digno para sí mismo(a). Y no, jamás será una cuestión de suerte.

2Fashionistas, ¿quién de aquí es millennial? ¿Cuáles han sido sus experiencias, las dificultades a las que se han enfrentado? ¡Queremos saber!

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