Disciplina, seriedad y 21 días para ser feliz

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Con frecuencia pensamos que estamos atados a nuestras elecciones del pasado. Y si bien esto puede resultar cierto si seguimos aferrados a la idea de que nada cambiará, la buena noticia es que en estos tiempos ya nada es obligatoriamente para siempre.

Claro que existen promesas que sí deben durar para el resto de tu vida, como el amar y respetar a tu familia, a tu pareja, a tus amigos, a la naturaleza, a los animales y a todas aquellas cosas importantes que enriquecen tu entorno. Más bien nos referimos a que puedes dejar de lado lo que no te haga feliz.

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En décadas anteriores era casi impensable cambiar de profesión, ciudad, país, círculo social e incluso, hasta cambiar de look; pero ahora resulta algo cotidiano. Ya podemos modificar nuestro estilo de vida adecuándolo a lo que nos gusta, a lo que nos apasiona. Al día de hoy muy pocas cosas nos provocan vivir estancados.

La variedad de oportunidades que el mundo nos ofrece nos permite encontrar, crear o seguir en la búsqueda de el trabajo, ciudad, país, amigos, looks ideales para nosotros. Sin embargo, nada de esto llegará a menos que cambiemos de hábitos (si todavía no hemos descubierto para qué estamos en este planeta, obviamente).

Cambiar de hábitos no es fácil, pero tampoco es imposible y es un cambio que está al alcance de todos. Es difícil porque estamos acostumbrados a seguir patrones, a adoptar conductas que hemos visto o vivido, como las familiares o escolares. Hasta cierto punto es normal el actuar así: si tu papá es doctor y tu mamá abogada, elegir entre esas dos opciones de carrera para ti como hijo, sería “lo ideal”, aunque no te haga feliz.

Otro ejemplo de seguir con los hábitos establecidos es la alimentación. Tú estás acostumbrado a comer ciertas cosas y a cierta hora, ¿te has preguntado alguna vez si te estás perdiendo de probar nuevos sabores, texturas? O ¿qué tal si eres intolerante al gluten y no lo sabías? Por eso te sientes tan cansado e indigesto después de comer, pero ese platillo es la especialidad de tu abuelita, ¿cómo podría dañarte algo hecho con tanto cariño?

Levantarse temprano también es otro hábito difícil de adoptar. Dicen los expertos que muy temprano por las mañanas somos mucho más productivos que el resto del día, suponemos que sí, todavía no lo hemos comprobado ja-ja-ja.

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El cerebro humano es increíble, nunca deja de evolucionar, es una máquina plástica que absorbe todo a una velocidad impresionante; es moldeable y es capaz de reconfigurar su mapa interno cada vez que se le antoje. El propio interés por querer cambiar de hábitos, la actitud y motivación que tengamos, así como el deseo de salir de nuestra zona de confort, invitan a nuestro cerebro a una reorganización constante.

O sea que esto prueba que somos capaces de aprender, entrenar y modificar lo que elijamos y deseemos, ello depende de factores como la insistencia, perseverancia, habilidades, de la personalidad y, claramente, del interés que tengamos en cambiar nuestros hábitos.

Consejos para comenzar con lo que deseas:

  1. Elije tu propósito y conviértelo en proyecto
  2. Reflexiona sobre tu meta
  3. Dale tiempo, hazle espacio
  4. Resalta tu meta
  5. Prepara el material para empezar
  6. Empieza HOY
  7. Emociónate
  8. Nunca, por ningún motivo, escuches esa voz interna que te dice que estás cansado(a)
  9. Sé disciplinado
  10. Convierte tu nuevo hábito en tu filosofía de vida

Y no se trata de adoptar un nuevo hábito y ya, sino de que lo disfrutes y practiques, recuerda que es algo bueno que durará toda la vida si lo deseas. Tampoco te martirices si un día fallas, tienes mañana, pasado y toda la vida para volver a intentarlo. Olvídate de la negatividad, desecha los sentimientos de culpa y comienza a vivir, solo se trata de tener disciplina y seriedad.

Estamos seguras de que si es algo importante para ti comenzarás desde hoy mismo, ¡solo necesitas 21 días para lograrlo!


 

 

Fotos: Pinterest