Cuando el amor es tóxico

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Y casi te mata.

Quienes hayan visto el documental de Amy Winehouse “Amy”, sabrán a lo que me refiero: el amor te puede destruir. Así que ya es hora de enfrentar la realidad, pues no todo es color de rosa cuando se está enamorado.

Según cifras proporcionadas por la UNICEF, siete de cada diez jóvenes sufre violencia en su relación de noviazgo (un 76% de violencia psicológica, 16.5% de violencia sexual y 15% de violencia física)* y un gran porcentaje sufre los tres tipos de violencia al mismo tiempo durante alguna etapa de su relación.

Cabe mencionar que aunque esto no es exclusivo del género femenino, en ocasiones suele ser más frecuente que el maltrato se dé por parte de los chicos hacia las chicas, aunque ojo: la violencia no distingue sexo, edad ni estrato social.

A mí me pasó, aún me cuesta hablar de ello; pero es necesario, es urgente hablarlo, porque no quiero que a mis sobrinas (ni a nadie más) les pase algo parecido ni por asomo.

Recién que entré a la universidad conocí a un tipo, era amigo de otro amigo así que comenzamos una relación de amistad muy rápidamente. Mis amigas lo integraron al grupo y para segundo semestre de la carrera, el tipo en cuestión ya me pretendía.

El fulano tenía puntos a su favor: le gustaba el metal, su estilo era 100 por ciento rocker, sabía imitar a la perfección el acento británico, entre otras cosas que lo hacían parecer “interesante”. Yo caí redondita a pesar de las advertencias de su amigo, que también era muy mi amigo.

Pensaba que lo tenía todo: estudiaba en una buena universidad, había elegido la carrera que tanto me gustaba, tenía lindas amigas, en febrero cumpliría 18 años y podría antrear lo que quisiera. Hasta que apareció este tipo y lo pudrió todo.

Para no hacer el cuento largo, a los pocos meses de andar comencé a ver conductas en su persona que no eran “normales”. Recuerdo que una vez me citó afuera de mi salón para decirme que era esquizofrénico y que teníamos que terminar porque yo andaba con su otro “yo”. ¿Neta?

En verdad que era todo un personaje. Fingía no tener dinero para no salir con nosotras, por lo que mis amigas le prestaban lana para que no se quedara fuera del plan. Después me enteré que el dinero que le daban sus papás era ¡para comprar droga! Y yo vivía un infierno apenada con mis amigas siempre por esa situación.

Era demasiado posesivo e intenso (sí, más intenso que yo y eso ya es mucho decir). Si me veía hablando con mis amigos de la prepa, así me iba con el drama. Sobretodo con uno de mis mejores amigos que en esos momentos estaba en Canadá. Con él se encelaba cañón, así que por salud mental yo hablaba con mi amigo a escondidas por msn y muy tarde por la noche. Sí, así de extremo.

Hasta que un día, ¡por fin! Me hartó y le escribí un mail mandándolo al diablo porque en persona en serio que era imposible. Desde ahí comenzaron los problemas. Me acusó de ser una cobarde y de que cómo me atrevía de cortarlo por mail después de todo lo que habíamos vivido y todo lo que había hecho por mí. ¿Qué tanto había hecho por mí? ¡Quién sabe! Pero él lo aseguraba 🤷🏼‍♀️

Comenzó a acosarme y a amenazarme. Su lavado de cerebro era tal, que empecé a creerme eso de que era una mujer despreciable y tenía que hacer todo lo que él me ordenaba o si no, así me iría en la vida.

Cuando el amor es tóxico, el agresor controla todo de ti.

Lamentablemente era demasiado ingenua para darme cuenta a tiempo de lo que me estaba ocurriendo. Aunque algo sí era seguro: no era feliz y se me notaba a kilómetros.

El tipo me prometía que si lo cortaba de nuevo, iría con mi madre y mi Abu cuando estuvieran solas en casa a asustarlas, como advertencia hacia mi persona. O que secuestraría a mi prima y a mi sobrina (la cual era una bebecita en ese entonces), ya que sabía a qué hora salía ella con la niña sin estar mi primo presente.

El espanto llegó cuando mi mamá, un día que yo llegué de clases a casa, me enseñó un par de rosas y me dijo: “nos las trajo este fulano, qué caballeroso”. Días después, mi prima me dijo que se lo había encontrado a pocas cuadras de su casa. Fue un claro mensaje de que sus amenazas las iba a cumplir en cualquier momento, así que yo seguía atada y con un miedo terrible.

Mi mamá fue testigo una noche de cómo el tipo me sujetaba fuerte del cuello porque no me dejaba bajarme de su carro sin que lo besara “con pasión”. Pobre de mi madre, cómo me insistía en que lo terminara, y yo sin poder confesarle la verdad por pavor. Estaba harta, quería escapar, gritar.

Era un manojo de nervios. No podía contarle a nadie porque tenía vergüenza y me sentía tan decepcionada de mí misma por haber permitido tal situación, que yo misma me obligaba a callar. Desde esos días comenzaron mis ataques de ansiedad y mi hipoglucemia se agravó, la tiroides se me hizo un desastre.

Entonces llegó un punto en que mis amigas se dieron cuenta y me sacaron la verdad a punta de refresco y nachos. Se los agradezco y las amaré eternamente por ello.

Luego conocí al que sería mi próximo gusto culposo y de él sí puedo decir que me enamoré perdidamente. Después de sufrir años de maltrato, con L por fin supe lo que era divertirme, pasarla bien, que me dieran un beso por amor, un abrazo protector y el estar tranquila en una relación.

Aunque la historia con el demente no terminó ahí. Al saber que yo andaba de romántica con L, me llamó a mi celular para decirme que se vengaría por haberlo abandonado, que era una zorra, que estaba horrible físicamente y que nadie me tomaría en cuenta porque, según él, nadie quiere a las hijas de madres solteras 🤦🏼‍♀️

Así que lo hizo. Mandó una serie de mails y de cartas con imágenes mías acusándome de mujer fácil, de ser una cualquiera. Que era una mentirosa manipuladora y que las nalgas las soltaba bien rápido.

Se metía a mi cuenta de correo, a mi Messenger haciéndose pasar por mí para hablar con L o con mis amigos varones, se les insinuaba, fue una locura. Estaba ardido, su ego de macho fraguó ese plan a la perfección para que la gente dudara de mí y de mi reputación.

Afortunadamente siempre he contado con gente valiosa a mi lado que le creyó una nada a sus blasfemias. Sin embargo, logró su objetivo: dañar mi imagen. Lastimó a mi mamá y a mis amigos con sus porquerías y sus alucinaciones de drogadicto enfermo. A mí me regaló ataques de pánico que todavía me cuesta controlar.

Moría de pena cada día al tratar de aceptar lo que me había sucedido; no podía creer el haber sido tan ingenua, tan tonta, tan sumisa. Me culpaba a toda hora por pensar que yo había provocado todo ese problemota por el simple hecho de saludarle aquella tarde en la universidad. Me sentía tan deprimida, tan fea. Me costó mucho trabajo perdonarme.

Me volví una persona arisca, grosera, desconfiada, amarga. Muchas cosas que L, el tiempo, mi familia y mis amigos me ayudaron a superar. Poco a poco fui saliendo de ese hoyo emocional tan profundo y oscuro en el que ese fulano golpeador me sumió. Pero lo logré. Y si tú te identificas con esta historia, también puedes salir adelante; las órdenes de restricción son una enorme ayuda en estos casos, créeme.

Si supones estar en una relación tóxica que implique algún tipo de violencia o maltrato, es muy fácil detectarlo: no te hace feliz. Una relación debe aportar cosas valiosas a tu vida, no restarle salud, alegría o emoción. Punto.

Ten presente que te mereces estar bien, estar contento(a), hacer las cosas que amas y estar rodeado(a) de personas que valgan la pena y que te quieran y acepten tal y como eres. Sin golpes, sin ataduras, sin manipulación, sin ofensas, sin engaños, sin amenazas, sin sexo forzado, sin pesadillas, sin culpas, sin dolor, sin miedo.

No te ciegues, no te mientas, no niegues lo que te está pasando. Recuerda que es mejor estar solo que mal acompañado. Nunca pero NUNCA te calles, habla con tu familia, con tus amigos, con tus maestros, con las personas que sientas que pueden ayudarte.

Tu intuición jamás se equivocará. Procura siempre hacerle caso.

O de igual forma, si eres familiar, amigo(a) o compañero(a) de alguien que sabes que sufre de este tipo de violencia o maltrato, no temas en alzar la voz y darle todo el apoyo posible que tanto necesita.

¡Hasta la próxima semana, mis queridos y nada tóxicos 2Fashionistas! 💕

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No estás solo(a), existen instituciones especializadas que pueden ayudarte:

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Instituto Nacional de la Juventud
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*Fuente: Unicef