Cuando tus creencias te limitan

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Y no, no me refiero solo a cuestiones religiosas (aunque estas sí tengan mucho que ver en tu toma de decisiones).

Las creencias limitantes son aquellas que nos impiden crecer, ser felices siendo únicos. Son aquellas creencias que tenemos tan arraigadas en nuestro ser que nosotros mismos nos las imponemos como un freno total a ese impulso sano de querer realizar ciertas cosas que le darían sentido a nuestra simple y mortal existencia.

Como su nombre bien lo dice: estas ideas que viven en nuestro cerebro, nos limitan.

Entonces si creemos que no podemos, nuestro cerebro automáticamente nos hace caer “en la realidad” de que nunca podremos realizar tal actividad o ser como realmente queremos ser. Muchas veces por miedo; muchas veces por costumbre; la mayoría de veces, por educación.

Cuando tus creencias te limitan te frustras, te niegas involuntariamente a ser tú mismo y caes en un estado de depresión del que es muy difícil salir a menos que te des cuenta de eso que te obstaculiza para ser feliz.

Es cuando te crees algo que realmente no es cierto pero que, como sí lo es para nuestra mente y eso es lo que vale para nosotros, lo damos por hecho.

Por ejemplo, una creencia limitante es esa que desde niños nos repiten como que los hombres no lloran y las mujeres son débiles por naturaleza. Y ni la una ni la otra es cierta, pero crecemos creyendo que sí, por eso la sociedad se aprovecha de nuestras mentes imponiéndonos roles que para nada deberíamos de interpretar (a menos claro, que sea decisión de cada quién).

El problema sucede cuando aunque estas ideas no sean para nada verdad, si tú inconscientemente aceptas esas creencias limitantes, estas determinarán al 100% tu vida. La buena noticia es que solo son creencias y puedes cambiarlas, desecharlas e ignorarlas en el momento que así lo decidas.

Cuando tus creencias te limitan, tienes pensamientos como estos:

  • Mostrar los sentimientos es de débiles.
  • Tengo que ser un patán/una perra en el trabajo para hacerme respetar.
  • Los que han hecho mucho dinero o les ha llegado por familia, por un golpe de suerte o robando.
  • No se puede confiar en la gente: el que no tranza no avanza, así que si soy una buena persona todos abusarán de mí.
  • Si me equivoco, seré un(a) fracasado(a).
  • Si disfruto del sexo, Dios me está viendo mientras lo hago y me va a castigar.
  • Si me consiento o me doy un gusto, soy una persona egoísta y mala por no pensar en los demás antes que en mí.
  • Si no soy padre/madre, mi vida no tendrá sentido alguno.
  • Tener un título universitario me asegurará el éxito inmediato en la vida laboral.
  • No cumplo con los estándares de belleza, valgo menos que los demás.

Y así podría seguir y seguir, enumerando las creencias limitantes con las que crecimos y nos aseguraron que eran verdad absoluta cuando son totalmente lo contrario. Pero, ¿por qué tenemos tan arraigadas esas creencias? Pues porque nos provocan un sentimiento de seguridad sobre lo que algo significa para nosotros.

¿Que cómo puedes modificar esas creencias limitantes y convertirlas en creencias positivas? No es sencillo, pero tampoco es imposible:

  1. Descubre tus creencias. Y escríbelas. Observa a detalle los resultados negativos que has tenido en tu vida y pregúntate a qué se deben. ¿Existe alguna creencia que esté influenciando en un comportamiento que lleve a esos resultados? ¿Qué suposiciones y creencias tienes que impiden desarrollar tu potencial?
  2. Sé consciente: son creencias, no realidades. Este paso es el más complicado de todos porque puede que pienses que esas creencias negativas son reales. Reflexiona sobre esas creencias. ¿Cómo sabes que son ciertas? ¿Tienes pruebas? ¿Cómo te hacen sentir estas creencias y por qué? ¿Se basan en el miedo? ¿Crees por costumbre o por convicción?
  3. Asocia tus creencias limitantes a algo negativo. Piensa en esas creencias y asócialas a algo que te desagrade, que te recuerde a algo muy negativo, incluso al dolor. Verás que pronto las alejarás totalmente de tu vida, pues ¿a quién le gusta vivir en depresión? La vida se hizo para disfrutarse, no para defender mentiras inventadas por otros.
  4. Por cada creencia negativa, construye una nueva creencia positiva. Recuerda que todo ocurre por una razón, los milagros no existen y nuestro destino no está escrito, lo escribimos cada uno de nosotros con las decisiones que tomamos cada día, así que imagina tu vida en un sentido positivo y siendo feliz gracias a las determinaciones con las que vas construyendo tu propio camino, sin influencias externas que te hagan sentir mal. La incomodidad proviene de soportar algo que nos molesta, no lo olvides nunca.
  5. Actúa. Si te comportas de una forma que no has actuado antes, observarás nuevos resultados y esos resultados contribuirán a la construcción de nuevas creencias positivas. Por ejemplo, puedes repetirte a diario que eres atractivo(a), lo mucho que vales, lo inteligente que eres, que fracasar solo te permite avanzar y que ninguna deidad está vigilándote solo para castigarte.

Queridos 2Fashionistas, ¿alguien les hizo creer alguna vez que no pueden? Es hora de demostrarles que sí pueden, con eso y más; solo necesitan creer que sí lo lograrán.

¡Hasta la próxima semana! No olviden contarnos cómo les fue cambiando sus creencias.

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